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Nicaragua: La Gesta Historica de Pancasán



Todos los años, el 27 de agosto, conmemoramos la Gesta Heroica de Pancasán (1967). Esta gesta marcó un antes y un después en la lucha continua del Frente Sandinista de Liberación Nacional en pro del derrocamiento de la Dictadura Militar Somocista, y es parte de un ciclo de lucha guerrillera en América Latina en contra de las dictaduras promovidas y armadas por el imperialismo yankee.

Los hechos

El cerro de Pancasán está ubicado en la Cordillera Dariense, en el límite entre los municipios de San Ramón y Matiguás, en el Departamento de Matagalpa, a unos cincuenta kilómetros al este de la cabecera departamental.

Desde 1966, incluso años antes, el FSLN venía acumulando un proceso de crecimiento dentro del campesinado, contando con la capacidad organizativa de Rigoberto Cruz, “Pablo Úbeda”. 

Cabe recordar que desde las acciones de Raity-Bocay, en 1963, la vanguardia revolucionaria venía trabajando en la constitución de una columna guerrillera que estuviera profundamente enraizada dentro del movimiento campesino. 

Así, se decidió que en agosto de 1967 se incrementaran las acciones guerrilleras. 

Que además representarían una continuidad de las acciones que se venían librando en las ciudades más importantes, principalmente Managua. 

Así, cabe recordar los operativos realizados como el bombardeo a las casa de líderes somocistas, el asalto a la sucursal del Banco de Londres, la acción en la lechería La Perfecta, donde cayó el militante sandinista Selim Shible, y, posteriormente el operativo contra un camión blindado del Banco Nicaragüense.

Las fuerzas guerrilleras pudieron operar en las montañas de Matagalpa durante tres meses sin ser detectados por la guardia somocista y sus jueces de mesta, promotores del terror en la montaña, y se fue estableciendo entre el campesinado una red de contactos de apoyo al FSLN. 

Se operaba desde un campamento ubicado en Fila Grande. La columna se dividió en tres grupos comandados por el comandante Carlos Fonseca, el comandante Tomás Borge, y, el tercer grupo, comandado por Silvio Mayorga con el apoyo de Rigoberto Cruz. 

El Estado Mayor estaba también integrado por el Comandante Oscar Turcios Chavarría.

La detección de uno de los grupos de la columna guerrillera, hizo que un contingente de la guardia genocida formada por cuatrocientos integrantes del “Batallón Somoza”, contando con la información de jueces de mesta e informadores somocistas, cayera sobre los militantes del FSLN.

 Las patrullas de la GN atacaron el 27 de agosto con armas de calibre pesado y una capacidad de fuego infinitamente superior a la de los heroicos guerrilleros.

En la acción de Pancasán cayeron heroicamente Silvio Mayorga, Francisco Moreno, Otto Casco, Faustino García, Carlos Reyna, Carlos Tinoco, Rigoberto Cruz, Nicolás Sánchez, Ernesto Fernández, Fermín Díaz, Felipe Gaitán y Oscar Danilo Rosales, entre otros extraordinarios combatientes. 

La represión en el campo se intensificó ferozmente; más de trescientas familias sufrieron cárcel y asesinatos atroces.

Los propios miembros de la guardia somocista participantes en el operativo antiguerrillero narran que Rigoberto Cruz sostenía con una mano los intestinos de fuera, producto de las heridas recibidas en el vientre. 

Otro de los héroes, Oscar Danilo Rosales es el ejemplo de médico comprometido con el pueblo, en el que se deben reflejar todos los y las trabajadores de salud en el presente y en el futuro.

Enseñanzas de Pancasán

Este heroico acontecimiento marcó un punto de inflexión en la lucha contra la Dictadura, pues con la instalación de focos insurreccionales en el centro del país se procedería a trabajar en la concientización política del campesinado nicaragüense. 

La gesta de Pancasán representaría un conjunto de enseñanzas para el FSLN:

En primer lugar, la necesidad de seguir fortaleciendo el trabajo con el campesinado desde un punto de vista integral; es decir, propiciar la incorporación a la lucha guerrillera, pero fortaleciendo su conciencia y la creencia en un mundo más justo; por otra parte, la importancia de fortalecer, al mismo tiempo, las estructuras y la lucha en la ciudad, intensificando el trabajo con los estudiantes, y trabajadores urbanos. 

Precisamente el comandante Carlos Fonseca, a raíz de la jornada heroica de Pancasán llamaba a los estudiantes universitarios a fortalecer el Frente Estudiantil Revolucionario, y a realizar una solidaridad más activa con la causa guerrillera y libertaria.

Otra de las enseñanzas de Pancasán es la cada vez mayor incorporación a la lucha insurreccional por parte de la mujer nicaragüense. Gladys Báez, luchadora legendaria señala lo siguiente:

“Se pretendía que todos los compañeros tuviéramos la suficiente convicción de poder aguantar todas las limitaciones y problemas que se originan en la montaña, y además de eso, teníamos la convicción de que íbamos a bajar con el triunfo, porque se pensaba que en la ciudad se diera una serie de golpes de recuperación para preparar la condiciones y que había un Estado mayor en la ciudad y un Estado mayor en el campo…” (Tomado de la obra de Necoechea y Pensado, Comp., Voltear al mundo de cabeza, México, 2009)

La gesta de los Héroes de Pancasán, considerada como un revés militar, sobre todo por la pérdida de valiosos cuadros sandinistas, representaría la evidencia, ante el pueblo de Nicaragua, de la existencia de una fuerza política capaz de derrocar a la tiranía somocista; por eso, Pancasán vive y vivirá siempre entre nosotros.

“Por aquí pasaron tres camiones llenos de guardias para matar a esos muchachos”, recuerda doña Antonia Castro Zeledón, colaboradora histórica con el seudónimo de “Carlota”.

 “Carlota” cuidó del grupo de sandinistas durante tres días, cuando se ocultaron en su casa luego que la genocida Guardia Nacional les daba persecución.

 “Se escondieron detrás de mi casa y los guardias hicieron el intento de detenerse, pero yo no me puse nerviosa y disimulé dándoles de comer a las gallinas”, agregó. 

Castro Zeledón los proveyó de alimentos a los muchachos y guarda gratos recuerdos de todos, en especial del doctor Oscar Danilo Rosales. 

“Carlota” aún recuerda como si fue ayer los rostros de esos jóvenes que soñaban con una Nicaragua libre, “me dio un gran pesar que los hayan matado”, se lamenta. 

Otra compañera que colaboró con los combatientes es Guadalupe Patricia García, “Sonia”, habitante de la comarca “El Horno”, quien era la sanitaria de los guerrilleros.

 Ingresó a la lucha a la edad de los doce años, imitando el ejemplo de sus padres. Se encargó de curar y administrar medicamentos a los muchachos y aunque no estuvo presente en el combate en la montaña de Pancasán, años más tarde fue herida en la pierna izquierda por un guardia somocista. Rita Estela Chavarría Gutiérrez, de la comarca Guabules, es otra colaboradora que apoyó a la columna guerrillera dándoles de comer.

 “Ellos venían de noche y nos tiraban piedritas en el techo, entonces sabíamos que eran los combatientes y nos levantábamos a hacerles comida sin hacer ruido y tratando de tapar para que no se mirara la luz para que no se dieran cuenta los jueces de mesta”, indicó.

Por: Luis Alfredo Lobato Blanco*

*Historiador, docente e investigador

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